Era un viernes por la tarde cuando un pequeño y su madre fueron a dar un paseo por la calle,era un día gris y normal como cualquier otro en Galicia.
El pequeño hablaba animádamente con su madre mientras ella le sonreía y le acariciaba la cabeza de vez en cuando. Así llegaron pronto a una tienda enorme y la madre se paró un rato a mirar el escaparate.
El pequeño aprovechó el despiste de la madre y soltó lentamente su mano para ir a ver unos gatos callejeros que pasaban por allí, una verdadera monada de gatitos.
Cuando se giró, el pequeño se encontró rodeado de gente, veía pasar a muchas mujeres pero ninguna era su madre.
Se asustó muchísimo, el sudor le resbalaba por la frente y del miedo que tenía casi no distinguía a las personas que a su alrededor caminaban. Lo miraban extrañados -¿qué hace aquí solo?- se preguntaban al pasar todos.
El pequeño salió corriendo sin rumbo fijo aunque él creía estaba tomando el camino de regreso a casa. La noche caía lentamente sobre él, muchas personas lo miraban curiosas de ver a aquel ser tan diminuto vagar solo por las calles a esas horas.
Tras mucho andar y andar, el pequeño niño ya exausto, se sentó en un banco y empezó a llorar desconsolado.
-Nunca volveré a casa...-decía entre sollozos.
Todo le parecía extraño, las calles por las que siempre había paseado ahora se le asemejaban a laberintos de espinas que los cuervos sobrevolaban en busca de comida.
En ese momento sintió la presencia de alguien a su lado, levantó la mirada y lo encontró de pie junto a él.
Un niño un poco más alto que él lo miraba fijamente frente al banco.
-¿Qué te pasa?-preguntó el niño.
-Me he perdido...no cuentro a mi mamá ni mi casa - dijo llorando.
-No te preocupes-sonrió el otro niño-Yo te ayudaré.
Lo cogió de la mano y ambos caminaron entre la oscuridad de la noche un buen rato. Su fuerte mano no lo soltaba, el pequeño estaba asombrado, ¿quién sería ese extraño niño que lo arrastraba? ¿A dónde iban?
Sin soltarlo de la mano el niño se giró y le dedicó una cálida sonrisa para animarlo.
-Ya casi estamos.
Un edificio se alzó ante ellos y entraron en él. {...}
Un rato después de haber entrado en aquel edificio llegaron las madres de ambos niños, una de ellas tranquila y la otra completamente nerviosa,sofocada y llorando.
Abrazó a su pequeño niño al igual que la otra madre que además le acarició el pelo como muestra de lo orgullosa que estaba de él.
Los dos niños se juntaron mientras sus respectivas madres hablaban.
-Muchas gracias por salvarme...-le dijo agradecido.
-No hay de qué, me encantan los gatos-le contestó el otro niño delicadamente.
- ¿Los gatos? - preguntó extrañado.
-Sí, porque desde hoy tú eres mi gatito perdido- le dijo sonriente.
Y aquellas palabras fueron tan especiales para ese pobre niño que se había perdido que las mantuvo siempre en su mente. Poco después se cambió al mismo colegio que el niño al que había conocido en las frías calles y se hicieron grandes amigos, tanto que, hoy en día, siguen juntos...
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